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Desde hace poco más de un año, un grupo de amantes de la lengua recorren las calles de diferentes ciudades de la región con stickers en forma de acento para pegar en los carteles que por descuido, desinterés o desconocimiento, no tienen escritas la tildes en las palabras que les corresponden. En la nota, anécdotas, objetivos y algunas fotografías de este programa de reinserción de los acentos, que comenzó Pablo Zulaica en el Distrito Federal.
“Un juego que retoma los signos y su esencia más normativa y académica para deshacerlos de su rol, sacarlos a la pista, ponerlos a crear sin dejar de ser ellos mismos. Un juego de palabras que reivindica los espacios públicos como públicos que son, cuyas páginas son la ciudad y su libro Hispanoamérica, y al que quise invitar e invito a cuantas personas gusten de participar”. Con esas palabras, el español Pablo Zulaica describió hace unos meses, en la revista Gatopardo, la iniciativa que comenzó el 23 de junio de 2009 en el Distrito Federal, que consiste en salir a la calle en busca de las faltas ortográficas que inundan los carteles de la ciudad, y pegar en los letreros stickers para corregir los errores que, en su interior, explican por qué la palabra debe o no llevar la tilde.
Acentos perdidos (AP) nació después de que Pablo pegara el primer adhesivo “en el cartel de una refaccionaría de piezas de carro que decía ‘camaras’ sin acento en la ‘a’” y, pusiera en marcha una idea que había surgido tiempo antes junto a dos mexicanas y una argentina para promocionar servicios de corrección de textos. Una semana más tarde, y con varias fotografías de los carteles pegados, el “programa de reinserción de acentos en la vía pública” inauguró un blog y, desde ese entonces, la iniciativa empezó rápidamente a repercutir en los medios de diferentes partes del mundo.
AP también encontró seguidores, que se pusieron en contacto con Pablo para replicar la idea en otros países. Así como Rodrigo Maidana en la ciudad de La Plata (Argentina), Marcelo y Lorena en Bogotá (Colombia), y Ramón Féliz Lebrón desde República Dominicana, Lorena Flores Agüero puso en marcha el proyecto en Lima (Perú), incentivó a sus amigos, salió a las calles y tomó las fotografías para colgarlas en su blog. “Al principio da un poco de vergüenza. Te ven como a un bicho raro. Pero luego uno agarra confianza, en especial cuando sales con amigos. Vamos como jugando. Lo bueno es que la gente se interesa, se te acerca y pregunta”, cuenta la autora del “Tildetón”, que le da nombre “al día programado para salir a las calles en grupo y poner las tildes”.
Este encuentro también se llevó a cabo en Maracaibo (Venezuela), desde donde Ana Soto coordina el blog. “Invitamos a estudiantes de la cátedra Lenguaje y Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad del Zulia (LUZ), y fue una experiencia maravillosa. Al principio ellos sentían un poco de vergüenza y desconcierto. Después de que salieron a la calle, se emocionaron tanto, que se volvió una diversión absoluta encontrar fallas ortográficas, corregirlas, y aprender de una forma tan desenfadada”, recuerda Ana, y añade: “Eso nos da una conclusión muy importante: no es la norma lo que aburre sino cómo se la ofrecemos a los estudiantes”.
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Pablo Quirós también le dio lugar a la iniciativa, y comenzó a pegar los adhesivos por las calles de Paraíso de Cartago (Costa Rica), “por amor a la camiseta”. Aunque en su país AP no encontró el apoyo necesario para mantenerse, Pablo cuenta que en sus recorridos “buscaba la manera de llegar hasta el rótulo si estaba muy alto”. “Algunas personas se me quedaban viendo como diciendo ‘¿qué le pasa a este mae?’; otros me preguntaban por qué lo hacía, y les explicaba”, relata, y detalla que “pedía permiso” para adherir las tildes cuando se trataba de locales.
Y es que Acentos perdidos también tiene su “política ortográfica”, que precisa que “la iniciativa persigue generar sonrisas y no enfados y para ello AP, siempre que puede, pide permiso para adherir acentos o bien los coloca de manera que no cueste demasiado desprenderlos. Así, AP no sale corriendo tras pegar el adhesivo y no reincide si éstos son retirados”. “Si el letrero está inaccesible, sujeta el acento con la mano y haz una superposición con el fondo del cartel. ¡No vale Photoshop!”, aconsejan desde los blogs, y Lorena cuenta que cuando la alternativa cuando los comerciantes niegan que sus carteles lleven el sello de AP es sujetar el acento sobre los letreros y “tomar la foto en el aire”.
A pesar de las precauciones tomadas por estos defensores de la lengua, Pablo Zulaica cuenta que él junto a una mexicana fueron multados en el Distrito Federal. “Habían puesto una unidad que se llamaba Brigada Grafiti para evitar que los grafiteros pintaran en monumentos, y la pareja que estaba patrullando nos encontró pegando los adhesivos en forma de acentos en los carteles de la ciudad y nos llevaron”. Pero al salir del lugar, después de la recomendación de un policía que encendió una “llama de esperanza” en Pablo (les dijo: “Oigan, yo sí les entiendo porque yo sí leo), los dos se dirigieron a la Secretaría de Seguridad Pública donde los autorizaron a seguir “haciendo lo mismo en cualquier pared del DF porque es un proyecto educativo y social”. “Llamaron al jefe más alto, vino y dijo: ‘Esto lo debería conocer la Secretaría de Educación Pública y habría que hacer algo’”.
La propuesta no tardó en llegar. El gobierno del Distrito Federal le propuso a Pablo para “hacer algo” con los niños de preparatoria, que alcanzan los 230 mil adolescentes de 14 a 18 años. “Les dije: ‘Bueno, a diez acentos que pegue cada uno, son dos 2.300.000 acentos. Reparamos toda la ciudad y sobra’”. Sin embargo, cuando comenzó el año el proyecto se suspendió “por falta de presupuesto”.
Según su política, “Acentos perdidos no se indigna tanto con las incorrecciones de los negocios particulares” y sí con “los responsables de la educación de nuestro pueblo, las instituciones gubernamentales, grandes corporaciones, señales y avisos de tránsito”, cuenta Ana. Pablo, por su parte, recuerda que en las elecciones municipales que hubo en el Distrito Federal el año pasado, corrigió “carteles de todas y cada una de las formaciones políticas, al punto de que el partido de los maestros, que se llama Nueva Alianza, puso ‘educación’ sin acento en la ‘o’”.
Pero lejos de ser una iniciativa dogmática en defensa de las reglas ortográficas, el proyecto “es como quitarle el saco a las normas que parecen tan serias y algo tan académico; sacarlas a la calle, despertar sonrisas y quitar un poco la barrera”, dice su autor, y continúa: “Es un comercial a favor de las letras que llama a disfrutar de ellas; a reconocerlas como algo que está entre nosotros no para molestar, sino para enriquecer, para darnos identidad; incluso para demostrar que, aunque usar acentos pueda parecer algo barroco, aunque para muchos sean obra del demonio y para sus maestros motivo de suspenso, mientras duren en el diccionario servirán para hacerlo fuerte y, desde luego, para sumarle poesía a la vida”.
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¿Cómo escriben las personas en el país? ¿Qué dicen los carteles de la ciudad?
Pablo Quirós: A la mayoría de los jóvenes no les importa escribir correctamente y es algo que se debe corregir. Costa Rica, para bien o para mal, es un país que crea bastantes palabras, “costarriqueñismos”, que enriquecen el idioma. A nivel de lingüístico, Costa Rica es un país muy rico pero es pésimo en ortografía.
Lorena: Los peruanos usamos mucha jerga y, por lo general, ella se relaciona con la comida. Por ejemplo, si “alguien es piña”, significa que tiene mala suerte; si “algo es “papaya”, significa que es muy fácil; si te “tiraron arroz”, significa que no te hicieron caso. Creo que somos muy creativos por ese lado; sin embargo, también tendemos a perder el cuidado a la hora de escribir.
Pablo Zulaica: Los carteles en México reflejan mucha falta de lectura -hay un dos por ciento de mexicanos que leen-. También el status social. Cuando la gente no tiene lo que llevarse a la boca o cómo garantizar una vida sin muchos sobresaltos, pues no les vas a pedir tampoco la luna. Pero lo triste es que aquí hay mucha falencia entre la gente de dinero. Falta quizás un poquito de conciencia colectiva.
Ana: Hablar de la manera de escribir de los venezolanos sería generalizar demasiado; es complejo y delicado. Como en cualquier país, usamos la lengua para comunicarnos; la lengua es exaltada, adornada, a veces descuidada, a veces maltratada. Lo innegable es que nos estamos haciendo muy perezosos, insensibles y displicentes con la norma de nuestro idioma materno.
Pienso que debemos enseñar con amor el español, pero más allá del romance, más práctico, evidenciar ante los estudiantes el potencial profesional que significa manejar adecuadamente el código escrito, y también el oral.
¿Por qué creen que no se respetan los acentos?
Pablo Quirós: Por pereza más que todo. Es más fácil y rápido escribir de seguido que andar poniendo las tildes correspondientes. Pasa con los mensajes de texto, donde se acortan las palabras, y se escribe así en todo.
Lorena: Porque la gente cree que igual se va a leer. He escuchado muchas veces que alguien dice: “pero igual se entiende”; pero no, son cosas diferentes. Te pueden entender pero eso no significa que sea correcto o que tu empresa se vea bien con errores que te enseñan en la primaria.
Ana: Los acentos, muchas veces, son vistos como un adorno innecesario de nuestra lengua, “una más de las complicaciones del español, que es tan difícil…”, he escuchado estos comentarios, más que todo en los jóvenes. Hay que enseñarles que nuestro idioma está muy lejos de ser difícil, que acentuar es una regla sencilla, que el acento determina la pronunciación de las palabras, que es un elemento tan importante como cualquier letra vocal o consonante; si te “comes” una letra no lees la palabra correctamente; si te “comes” un acento, en caso de ser ortográfico, no lees la palabra correctamente.
Más Info
Todos los sitios ofrecen un “paquete de acentos” para que los seguidores de esta iniciativa impriman y peguen los adhesivos ya diseñados. En caso de no poder hacerlo, la propuesta es que cada uno recorte y dé forma “a un pedazo de papel”. Y para que no queden dudas sobre la corrección de los acentos, los blogs también incluyen la ortografía completa de la Real Academia Español (RAE), institución que fija el criterio al que se alinea AP. Cada imagen que se suben los coordinadores de la iniciativa a la web, además, suele incluir la explicación de la regla que omiten los carteles. Incluso, en algunos casos, se agregan las diferencias entre las interpretaciones locales de las normas.
¿Qué palabras son las que tienen más faltas?
Ana: Las palabras con hiato por el encuentro de vocal átona abierta y cerrada Tónica. Como por ejemplo, escribir “dormia” cuando es “dormía”. También, escriben las mayúsculas sin acento ortográfico.
Pablo Quirós: Las palabras con hiato, como “joyería”; esdrújulas habían pocas.
Lorena: ¡Se pegan más esdrújulas! Lo cual es sorprendente. Es la palabra más fácil de acentuar y, sin embargo, la gente se sigue confundiendo. También las mayúsculas. Aún sigue el mito de que las mayúsculas no se tildan y siempre hay uno que otro que lo repite.
Pablo Zulaica: Sobre todo, las monosílabas, el “si” condicional, el “sí” afirmativo; y las esdrújulas. |
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